Grávida luz, me hiere tu silencio;
quéjate, grita, rómpeme la sangre
con un feroz escalofrío.
Será la muerte, sí, pero no importa.
¡Morir hasta que el mundo resucite!
Morir hasta que sean en el mundo
los hombres recorriéndolo descalzos:
¡la humanidad por fin enriquecida!
Hombres descalzos;
por su planta desnuda, justos, buenos.
Hombres que al ir andando en carne viva.
sintieran el dolor de cada hombre
latir en cada piedra que rozaran;
sintieran cada gota de rocío
temblar a cada sed, a cada lágrima,
morir a cada muerte, y gota a gota,
encadenando así nuevos rocíos.
Hombres descalzos;
por su planta desnuda,
sobre la tierra lentos y seguros,
como una enredadera sorprendente,
como si Dios sus águilas postrase,
y fueran en el mundo las palomas.
Ana Inés Bonnin Armstrong


Estás construyebdo un blog de culto. Verdaderamente es una delicia pasear por aquí. Te felicito, sigue así.
Un beso
Hola, primero de nada gracias por visitarme, te he añadido como amiga,
Es un placer leerte, y tambien que nos hagas llegar, los poemas de esta gran escritora, Ana Ines Bonnin los cuales simpre calan en mi alma profundamente.
Un beso grande y seguire tú estela.
Gracias por regalarnos poemas tan bonitos . Me encanta leerlos alma.
Un Beso
simplemente hermoso
Excelente poema, aunque se que los hombres no somos muy dados a escuchar o leer poemas, entraré de vez en cuando a ver que de nuevo hay en tu blog.
Saludos.